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lunes, 17 de mayo de 2010

Palabras que matan (Revista Viva de Clarín, domingo 16 de Mayo de 2010)




Revista Viva, Clarín (Domingo 16 de Mayo de 2010)

Palabras que matan

Poesía popular argentina, Vicente Luy (CILC)

Por Fernando García

El cordobés Vicente Luy es a la poesía contemporánea lo que Alberto Greco fue al arte informalista argentino a fines de los ´50. Pero por suerte no se suicidó (aunque algunos de sus textos sí presagian un final abrupto) y llegó hasta 2010 para antologizar su obra que no se parece a ninguna. ¿Versos?, los de Luy son rajaduras. ¿Venderle el alma al diablo? / Sí, pero cara. / Y si se puede venderle también otras cosas. / Y venderle a Dios lo que el diablo no compre.

sábado, 17 de abril de 2010

La generación perdida (Revista Ñ, sábado 17 de abril de 2010)





Ñ, Revista de Cultura, Nº342, Sábado 17 de abril de 2010

Poesía Colección Gama

La generación perdida

Al margen de ciertas discusiones estéticas, poetas argentinos nacidos entre 1950 y 1969 –desde Reynaldo Jiménez hasta Silvio Mattoni– presentan un interesante abanico de propuestas.

Carolina Esses

La poesía suele venir en frasco chico. Libros flacos, difíciles de encontrar en los revueltos estantes de las librerías, pero fáciles de ubicar, luego en la propia biblioteca, donde siempre hay un lugar para uno más. Siesta, fundada en 1997 por Marina Mariasch, fue una de las editoriales que le encontró la vuelta a lo pequeño invirtiendo en la proporción: libros de muchas páginas pero que caben en la palma de la mano. Luego están las ediciones de la obra reunida de tal o cual poeta y las antologías, formatos ampliados del pequeño libro. Claro que siempre envidiaremos a los que tienen esas ajadas y finitas ediciones de nuestros poetas preferidos.

La editorial Casi incendio la casa (CILC) podría haber publicado una antología con los poetas que integran su colección GAMA. Pero sus libros hubiesen dejado de responder a esta premisa de delgadez. La opción, entonces, fue esta: dieciséis libritos de no más de 30 páginas que pueden leerse como parte de un conjunto pero que se presentan por separado. El diseño apela a la metáfora cromática: cada libro ocupa un espacio en ese círculo que contiene a todos los colores pero que puede, también, ser percibido, simplemente, como el haz de luz antes de atravesar por un prisma. Toda una poética, si se quiere, la que piensa lo múltiple contenido en toda la unidad.

Algo hay que decir que va a contramano de lo que podría sugerir el nombre de la editorial: no se trata de poetas jóvenes presentando su primer o segundo material. Salvo Mario Arteca (La Plata, 1960) y Silvio Mattoni (Córdoba, 1969) ambos con mucha producción el resto nació en la década del 50. Tampoco son poetas de Capital Federal, no de ese puente que va de la Capital a Rosario o más allá hasta el límite que marca Bahía Blanca. Está Graciela Cros (San Carlos de Bariloche), está María Teresa Andruetto (Córdoba). Los textos actúan como la punta de un iceberg. Muestran algo de lo que cada uno viene trabajando desde los ochenta (y los setenta en algunos casos), años que quedaron un poco afuera de las discusiones por lo que después fue –bien o mal llamada, como quiera pensarse la poesía de los noventa y sus muchas aristas.

En este sentido, es interesante encontrarse, por ejemplo, con fragmentos de La enagua cuelga de un clavo en la pared, de Leonor García Hernando (1955-2001) que propone un verso largo, escindido, con pasajes en blanco, en el límite con la prosa y que, si quisiéramos trazar un recorrido nos podría llevar al ritmo de otro libro, Plegarias, de Susana Villalba. Como para pensar diferentes entramados de la poesía argentina, seguir el camino abierto por propuestas más experimentales, mover un poco las aguas. También, sorprende La solitudine, de Alicia Silva Rey (Quilmes, 1950), un libro con fuertes reminiscencias teóricas (hay epígrafes de Walter Benjamin, notas que llevan a los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari) cuyos poemas cobran fuerza en el momento en el que la teoría le cede su lugar, o lo comparte más amablemente, con el ritmo o la imagen. Lo cierto es que estos versos, tanto los de Silva Rey como los de García Hernando, plantean cierta incomodidad al lector, cierto desafío que, muchas veces, poéticas más planas, más atravesadas por un objetivismo mal leído, dejan afuera. Lo mismo puede decirse de La bruta bruz, de Laura Klein (Buenos Aires, 1958) y del uso de la segunda persona en La conversación, de Daniel Muxica, fallecido el año pasado.

A la hora de elegir el material a publicar por CILC, algunos poetas se volcaron hacia textos ya publicados. Otros, como Concepción Bertone, sumaron también inéditos. Reynaldo Jiménez (1959), decidió reimprimir La indefensión. Son poemas que recuerdan al neobarroco, donde se impone la repetición de sonidos, las rimas internas, la fuerte proliferación de imágenes. Jiménez, uno de los más reconocidos es también uno de los más prolíficos. No sólo a partir de sus libros sino también por su actividad como editor en tsé-tsé (ya en los ochenta formó parte de la editorial Ultimo Reino) donde publica, por ejemplo, Liliana Ponce, una de las escritoras más particulares de la actualidad. Es de celebrar, entonces, que CILC, a través de esta colección, permita trazar diferentes entramados dentro de un panorama donde a veces pareciera escucharse sólo las voces más estridentes y cercanas. Que permita pensar, por ejemplo, a Graciela Cros y su planteo por esa primera persona singular femenina en relación a Liliana Lukin. O que algún joven lector porteño, mientras busca en la librería algún libro de aquel poeta también joven, también porteño que escuchó ayer nomás en un recital, se encuentre, casi por casualidad, un libro de Juan Carlos Moisés (Chubut, 1954) o de Alejandro Schmidt (Córdoba, 1955), ambos particularmente interesantes.

Concepción Bertone, Silvio Mattoni, Mario Arteca, María Teresa Andruetto, Enrique Butti, Susana Szwarc presentan en sus diferencias, un uso de la lengua que se puede pensar emparentado. Un tono más coloquial, versos más largos o cortos pero ya no la prosa poética de, por ejemplo, Coman, de Roberto Aguirre Molina. Se podría pensar Cuando salí de La Plata de Arteca incluso en el otro extremo de la propuesta de Jiménez. Versos extensos, por momentos casi argumentales, donde a la cuidada elaboración de imágenes y metáforas se le suma la clara intención de cartografiar una experiencia.

La propuesta de la colección, entonces, es mostrarnos una selección de los poetas nacidos alrededor de los 50. Una muestra apenas; como si asistiéramos a una lectura en vivo en la que, incluso, se nos da la posibilidad de interactuar con el poeta ya que los libros ofrecen una dirección de correo electrónico, un blog, un teléfono. Si tuviera que elegir, y por una cantidad de razones que exceden las de la crítica como suele suceder cuando algo conmueve de verdad elegiría alguno de Arteca, “Heroísmo” de Mattoni o “Hamacas” de Andruetto (“habrá sido de vidrio el aire/ como esta tarde”, dicen los últimos versos). La poesía, también, tiene esto: a veces no hace falta mucho más que un verso para que una se quede días y días rumiándolo, solitaria. Quienes editan estos pequeños volúmenes lo deben saber.

FICHA

Presentación Colección Gama.

Habrá lectura y entrevista con algunos de los autores.

FECHA: MARTES 20 DE ABRIL

HORARIO: 19.30 HS.

LUGAR: LIBROS DEL PASAJE, THAMES 1762

ENTRADA: GRATIS

miércoles, 24 de febrero de 2010

RECOMENDADOS (Revista La Mano, Nº 71, Febrero 2010)


La Mano, Nº71, Febrero 2010

RECOMENDADOS

POESÍA POPULAR ARGENTINA, VICENTE LUY


A esta altura, se podría decir que la poesía de Luy es un gusto adquirido. Cordobés heredero que autoeditó su trabajo en ediciones de lujo, ahora que la herencia dijo basta reincide gracias a la tezón de heroicas editoriales independientes. Su poesía coloquial es casi rocker en su obsesión por lo popular y cotidiano, y este grandes éxitos es la mejor ruta para ingresar en su mundo. (Casi Incendio La Casa).



lunes, 28 de abril de 2008

Sebastián Realini, sobre "Hendidura", de Juan A. Crasci

 Sebastián Realini realizó el siguiente trabajo sobre la plaqueta Hendidura, de Juan Alberto Crasci:




La búsqueda de lo tácito... "es nuestra imposibilidad / de entendernos"
(sobre la plaqueta "Hendidura" de Juan Alberto Crasci)

Hendidura como grieta, como fisura...

"Miro mi mano y veo / mi mano; / no las nuestras" porque la hendidura se agranda. Ese miedo al vacío, me atrevería a decir, hasta llevo a Juan a ponerle "Hendidura" a la plaqueta homónima. -Miro mi mano / y veo mi mano- hubiera sido una obviedad, sin embargo el trabajo del tiempo que provoca con la inclusión del "y veo" en el primero verso, logra la desilusión y la desesperanza en el efectista "no las nuestras".

Escritura y habla y luego proclama (declamación) que el lenguaje le pide ("papel que pide una pareja"). En ese amorío, Juan le canta como pájaro mariachi ("como los pájaros se llaman cantando") una excelente plaqueta con todo el abecedario a su pareja ("dibujando una d, / una a / y etc"). Y en esa serenata poética, él se va, sólo para volver a nombrarla ("Siempre me voy. / No dejo más que las huellas / ... / que te nombran"). Como esa necesidad de agrietarse para luego tapar con aserrín poético ("papel que encuentro lo lleno de escritura") hasta que llueva... disipación de contenido, huella y volver a nombrarte...

Poema tras poema va y viene, busca y no encuentra, escribe, canta; el pecho se le "pletorisa" (permiso Oliverio) de confesiones y trata de encontrarle sentido al vacío desde un manifiesto que cumple a la perfección "lo bueno, / si breve, / dos veces / poético".

No sólo el vacío está entre la otra mitad ("lo otro es mitad") y él ("existe un hueco"), sino que la variable es temporal también ("un delay"). La invocación de la palabra trae pesadumbre a la pena y así otra vez hasta volver a nombrar(la) –ansias de encuentro-. Es ese llamado-canto a la pertenencia que no le es respondido ("Porque no está el amado en el amante / ni el amante reposa en el amado" arranca Marechal en su poema "Del amor navegante").

Al tácito "cerrás la mano" le falta estrechamiento de prójimo, le falta congruencia, porque al cambiar la persona y ver la otra mitad, no la ve... Eso es lo que provoca el ensanchamiento de la fisura, de la hendidura en la poesía de Juan Alberto Crasci ("con el número dos nace la pena." reza y hasta dictamina Leopoldo en el poema ya citado).

El yo poético es arrastrado por el lenguaje, así como una dominatrix juega y adiestra a su esclavo, lo manosea en ese "ida y vuelta / en vaivén" y es aún así contenido por la esperanza, como el alivio de que paren de dominarlo para volver a empezar, hasta que el puño se cierra y ya no hay noción de encuentro; nuevamente las ansias de literatura... esa de "libros sobre / mi mesa de luz / ... / y el final es jamás haber comenzado". La total pérdida de lo ajeno que uno quiere transformar en propio y al fin anclar ahí, pero he aquí que él se va, siempre se va.

"LOS OPUESTOS SOLAMENTE TIENEN EN COMUN LA OPOSICIÓN"

El lenguaje no se enamora del autor, la palabra le huye y no lo mira a los ojos. Le declama en sacro ritual su ciencia exacta ("29 de febrero"), y sin embargo "la otra" le cierra la mano. Ella escapa mientras él, serenatea (permiso nuevamente) con lluvia (Raúl González Tuñón escribió en "Lluvia": "estoy lleno de tu vida y de tu muerte / ... / Estoy tocado de tu destino"), exiliado ("no hubo lugar / donde atar nuestras / fronteras") e invocando despedidas.

"Presa de un doble imán / que repele...", en la búsqueda del entendimiento (su escritura), Él, está muy lejos de llegar a final aunque le cierren lo que le cierren... "Narrador el que cuenta / nunca el que escribe".



Sebastián Realini

jueves, 24 de abril de 2008

Oh, sorpresa!

Hoy, el suplemento NO de Página 12, ha publicado un artículo titulado "Entre Líneas".
En dicho artículo, aparece el CILC mencionado en varias ocasiones, haciendo un repaso de la postura rockera de las nuevas generaciones de escritores... Muchas gracias a Julia Gonzalez y Juan Manuel Strassburger por la mención.

Un fragmento:

ACTITUD PUNK

“Nuestros libros son cosidos a mano y hechos artesanalmente”, cuenta Funes sobre Funesiana, la editorial que comanda junto a Terranova. “Los vendemos a 25 pesos. Y a los que nos piden rebaja les decimos ‘no, a 23 pesos andá a comprárselos a tu hermana’ (risas). Y lo mejor es que los vendemos igual”, grafica orgulloso. Y ciertamente no son los únicos. En sintonía similar operan los cordobeses de La Creciente, una editorial que le otorgó visibilidad a la escena joven de esa provincia (por ejemplo a Federico Falco, otro autor relacionado con la movida) de la mano de sus libros también artesanales; o los chicos de Casi Incendio La Casa (CILC), un colectivo con reminiscencias a los Verbonautas (legendario grupo de poesía y rock de los ‘90) que hace poco editó Vamos A Rockearla, un libro que es justamente eso: literatura con ojos y pulso de rock.

CLICK AQUÍ para leerla completa.

domingo, 30 de marzo de 2008

Vamos a rockearla!, ya a la venta




Vamos a rockearla!
Catálogo de la desesperanza

21 capítulos
21 ilustraciones
15 cm. x 15 cm.
64 pags.
Valor: 10 pesos.


Aquí, la reseña que gentilmente ha escrito el multifacético Gonzoide:

No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché la palabra “rock”. Tampoco recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché otras palabras, pero no viene al caso.
Debió haber sido en mi niñez (a fines de los 80 y principios de los 90) pero ya no tenía el mismo significado que tuvo para la sociedad en los cincuenta, sesenta o setenta. Debo haberles preguntado a papá y mamá qué significaba esa palabra y me deben haber respondido que se trataba de música bailable, gritona, rebelde (como James Dean) y que algunos de sus exponentes eran, por ejemplo, los queridos Beatles o el entrañable Elvis Presley.
Fue con el tiempo, con el escuchar y leer al respecto que entendí que el rock significó musicalmente algo así como una cruda versión del blues (música que hizo las veces de banda sonora de negros esclavos) y socialmente, revolución (por cierto, muy lejos de la rebeldía de James Dean).
Creo, entonces, que el rock fue algo así como inevitable, una respuesta a muchas cosas, una solución pacífica desde en un plano tangible y violenta en el no tangible. No se trataba de salir a matar a quien no era de agrado (como ocurría y sigue ocurriendo en las revoluciones políticas sean de izquierda o derecha) sino de simplemente acelerar un ritmo (en sus comienzos, similar al ritmo del sexo, se decía), ensuciar melodías y/o cantar lo que se siente, buscando un alma herida o no similar que preste sus oídos. Provocar, pero provocar algo y encontrarse con los provocados.
Después de eso llegó el comercio, la televisión, etc. que hicieron que hoy, casi terminando la primera década del 2000, la gente a la que le gusta que le diga lo que tienen que hacer (los que siguen las modas, bah) usen remeras que dicen “rock”, “ramones”, “rolling stones”…
Hoy en día hay muchas versiones del significado de la palabra: por un lado están los que sostienen que el rock es sólo la música que en un principio se llamó así, otros que es una actitud de reviente, otros lo toman de forma graciosa, otros no pueden ver rock en algo sin distorsión… Para mí el rock hoy es lo que fue siempre, una alternativa social diferente (con o sin distorsión ¡es más! con o sin música) que busca el cambio. Rock es decir “yo puedo hacerlo ¡vos también!”. Rock es decirle no al estancamiento, no a las banderas, no al hacer cosas sin saber por qué, no a las tradiciones… muchos “no a” y pocos “sí a” y acá entran las cosas que realmente valen la pena. Son pocas pero son mucho.
Vamos a rockearla! es eso, son análisis y propuestas (a veces medio escondidas) de dos caminos a tomar frente a la situación social: lo de siempre o el rock.


Vamos a rockearla!, ya a la venta




Vamos a rockearla!
Catálogo de la desesperanza

21 capítulos
21 ilustraciones
15 cm. x 15 cm.
64 pags.
Valor: 10 pesos.


Aquí, la nota de contratapa, que ha escrito Gustavo Sala:

Este librito que tenés entre manos podría ser algo así como una escupida. Iba a poner escupida literaria, pero hubiera quedado demasiado pretencioso al pedo. Así que dejemos escupida a secas. Porque Juan Manuel Daza y Juan Alberto Crasci, de veintipicos años lo escribieron con la velocidad de un gargajo. De uno bien punk. Ideas, pensamientos, crónicas y apuntes. Del rock, de la televisión, de la cultura joven, de los famosos. De la pelotudez. Ilustrado por algunos de los dibujantes más locos de la nueva escena de la historieta underground argentina. Para divertirse y amargarse un poco (o para amargarse y divertirse un poco), Vamos a rockearla! es un libro ideal para leer en movimiento. Arriba de un bondi, en el subte o en el pogo de un recital de los Ramones en Cemento. Así que si sos un joven depresivo con angustias existenciales y todo te parece una mierda, este libro es para vos. Si sos Marcelo Tinelli, no. Los dejo, se me hirvió otra vez el agua.

jueves, 14 de febrero de 2008

Palabras Cruzadas


En esta oportunidad, el autor de una de las plaquetas editadas por CILC, se encarga de hacer una breve reseña, unos comentarios, unas aproximaciones a una plaqueta de otro de los autores de la serie:



Era él o yo: sobre El hilo de las horas, de Fernando Bogado

El hilo de Fernando Bogado, al contrario de lo que suele hacer este elemento, no une ni zurce, no genera una linealidad o un recorrido: marca, divide la tela en varias direcciones. El surco que va dejando el hilo funciona como límite: de un lado, la voz del poeta, del otro, el mundo.

En los poemas se ponen de manifiesto las distancias entre el uno y el universo. Por un lado se encuentra al yo poético, solo, aislado, recluido -o cobijado- en su hogar (la cocina; las comidas; la cama; el sueño), y por otro lado, a lo grupal, lo múltiple, lo expuesto y lo público (artistas en la tele; gente en los shoppings; ancianas barranca abajo). En esta división, el ser, el parecer y el querer-ser aparecen como centro de la problematización entre lo público y lo privado. En el afuera hay un decir y un hacer que apuntan al querer-ser, a una configuración de uno mismo, a un escape de las miserias: las ancianas hacen para alejarse de su edad y de su propia muerte; los artistas plásticos dicen derribar fronteras y generar nuevas tendencias y formas de expresión… mientras tanto, la voz interior, la poética, parece dejarse ser, el mundo se cuela en su cocina y dice: Cuando escribo/no sé lo que hago./Aunque también se mentir. La duda hace del poeta un hombre cierto, que desde el interior de su casa, derriba pausadamente y sin violencia la farsa que representan los seres humanos en el exterior, en su afán de mostrar seguridad.

Tomando esos mismos ámbitos como ejes de división, es notoria una diferencia en lo que respecta a lo temporal: dentro de la casa el tiempo corre lento; afuera hay movimiento. Este movimiento coquetea con la muerte: niños y ancianas se acercan peligrosamente a ella; en el primer caso sin saberlo, en el segundo queriendo evitarla. ¿La preocupación –exterior- por demostrar las –autoimpuestas- convicciones propias conlleva inevitablemente a la muerte? No lo sé, pero la muerte no golpea la puerta de la casa del poeta, ni se recuesta junto a él.

Juan Alberto Crasci




Sobre Poemas para leer bajo la frazada, de Juan Manuel Daza

Juan Manuel Daza comparte, de un modo fresco y sensible, sus visiones de niño y de hombre, cosiendo instintivamente el edén sentimental y lúdico del primero con ásperas imágenes subyacentes propias del segundo.

Leyendo Poemas para leer bajo la frazada nos surge la necesidad de mantener aquel espíritu de búsqueda y simpleza, donde uno es el mundo en los momentos de oscuridad y silencio.

Entonces, hasta el lector más rebelde terminará leyéndolos con linterna.

Nono Trakinas




Que te carcoma desde adentro: sobre El gusano, de Inés Rando

El Gusano de Inés Rando es,
ante todo,
un parásito.

Está muy adentro de su cuerpo,
muy profundo,
pero no tiene nada
que ver
con ella.

Alguna extraña circunstancia provocó
que ese ser entrara allí y que,
de pronto,
comenzara a alimentarse
de miserias,
de mierda,
de pus,
de ácidos.

Y así comenzó a crecer,
y ahora Inés siente que
está por rebalsar; que,
en cualquier momento, ella
va a dejar de ser ella y va
a empezar a ser el gusano.

Ahora que lo pienso, es
como el proceso de metamorfosis
de las mariposas
pero al revés:
de mariposa a gusano.

El gusano
crece dentro
de la mariposa
hasta que la hace estallar y
ya no queda mariposa sino gusano.

El gusano es una ojiva nuclear
que está muy muy adentro nuestro.
Pero paradójicamente,
se alimenta de "desgracia de filtro"
(claro, como el café de filtro).
Pero en este caso
el filtro es
el cerebro.

Juan Manuel Daza




Sobre Hendidura, de Juan Alberto Crasci


Lo bueno,/si breve,/dos veces/poético. Así comienza el libro de Juan Alberto Crasci, en el cual se cumple perfectamente esta expresión. Con un lenguaje conciso y directo, Hendidura presenta un mundo en el que la escritura ocupa un lugar primordial. Es un espacio de evasión, de libertad, donde se quiebra la linealidad del tiempo y donde la única ciencia exacta es la poesía.

El título del libro no es casual. La palabra hendidura nos remite a una división, a un corte, a dos lados que se oponen: poesía y ciencia, yo y nosotros, realidad y mente, mirar y nombrar. Sin embargo, una hendidura no es un corte total, las mitades no llegan a separarse del todo. Es más bien un hueco, una abolladura, un agujero. En el fondo hay un punto de unión, de contacto: la incomprensión. No hay síntesis; los opuestos solamente tienen en común la oposición.

Hendidura nos habla de un vacío, un pozo, un hueco. La escritura sirve para llenarlo o, por lo menos, para escapar de él.

Inés Rando




¿Galletitas húmedas?
(o: Dactilografía para mensajitos de texto. Clase Núm. 1, del Nono Trakinas)

¿Alguna vez trataron de comer una galletita dulce (cualquiera sea su marca, aunque por prudencia diré trakinas) con la boca absolutamente seca, carente de cualquier tipo de líquido? ¿Alguna vez sintieron como el aliento pestilente de esta boca reseca que, por el momento, estamos imaginando, choca contra la superficie bañada en chocolate/vainilla/coco de nuestro bizcocho infantil con reminiscencias proustianas (¿hay algún otro tipo?)? Digamos –por decir algo, por responder de manera contundente a la inexistente pregunta que subyace en todo discurso - que el texto del Nono Trakinas (Dactilografía para mensajitos de texto. Clase Núm. 1) es, sobre todo, eso: un atragantarse voraz, una ausencia absoluta de toda fluidez, un cuerpo fálico-rígido en el borde de nuestras bocas que tapa la salida de la voz o la entrada del aire que nos podría salvar de un horrendo deceso. Trakinas-Bardamu-Céline le temen a eso, a la fluidez, a la licuefacción febril (cito, tímidamente, a Link): el texto es duro, el fraseo conmueve el aparato sintético-literario que suele resplandecer en muchas obras contemporáneas y -el título lo dice- en el género epistolar de nuestros tiempos (sí: el mensajito…). Será ese gesto desmedido, esa sobre-producción dura de roer lo que Trakinas (con las comisuras erguidas) obliga a leer en su texto. Me remito a uno de sus poemas:

Luto

Los 10 dedos de las manos separados exageradamente traducían su esplendor, más allá de su inmutable careta. Alguna heroína de otro cuento lo había dejado en alguna pesadilla de intríngulis fónico.
Él reaccionaba con la puesta del Sol, era un sr. fotómetro, se acordaba.
Estaba atado por las telarañas del subconsciente a la silla de caoba, miraba a la heroína dibujada en la pared.

Olvidaba cabeceando, salpicando la pared.


En Dactilografía..., el sol endurece, detiene, oculta: las sombras producidas invaden la voz y dejan siempre la sensación de un sentido oculto inabordable (¿poesía?), pero también la certeza desmedida del asco… Compartimos inmediatamente con Trakinas la más abierta misantropía: el lector-arácnido rechaza su humanidad y “finge ser salvaje” junto con los animales, paradójicamente honestos.

La peligrosa sintaxis del texto ansía una sospechosa claridad-solar constantemente, repitiendo el gesto re-escriturario que otorga densidad a cada una de las frases y endurece lo ya rígido (¿dijimos “texto-fálico”?):

Yo a mi abuela la vendo
Y no de vendar eh, quiero que se entienda.





El trayecto de la galletita, recordémoslo: boca seca, aire bloquedado, manotazos al vacío por un poco de agua, muerte idiota, insospechada -como la de Tenesse Williams, ahogándose con la tapa de una bebida; como el lector que, inocentemente, compra el paquete rojo con sabores mágicos sin darse cuenta que allí anida, entre las sombras que distancian a un futuro bocado del otro, la palabra final y –por eso- impronunciable.

fernando emmanuel bogado