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miércoles, 2 de junio de 2010

LA ARTERIA AORTA


LA ARTERIA AORTA
Viernes 25 de Junio, 21 hs.
En Una Casa, Humberto Primo entre Perú y Bolivar.
Entrada $10 (incluye los 4 libros a presentarse de regalo)

El grupo humano que compone Editorial Casi Incendio La Casa (CILC) ha meditado mucho en estos últimos tiempos y ha logrado un estado tal de reflexión que lo ha llevado a pensarse como un cuerpo, como un organismo biológico. Esto devino luego en la tarea de alcanzar a identificar cómo están conformados los distintos órganos y sistemas que mantienen vivo al proyecto. A todo el CILC le encanta la sangre y no teme confesarlo. Por eso ha encontrado en la arteria aorta una metáfora increíble de lo que la actividad de una editorial representa.
La aorta (TA: arteria aorta) es la principal arteria del cuerpo humano. La aorta da origen a todas las arterias del sistema circulatorio excepto las arterias pulmonares, que nacen en el ventrículo derecho del corazón. La función de la aorta es transportar y distribuir sangre rica en oxígeno a todas esas arterias.
Entonces, si la editorial es un cuerpo, con diferentes órganos, extremidades y partes, la arteria aorta debería ser un canal refrescante, que oxigene todas esas partes, todas nuestras labores y ediciones. Por eso, la arteria aorta en este ciclo es un canal, un conducto ramificado por donde cuatro glóbulos rojos oxigenarán todo el cuerpo, y del cuerpo hacia afuera, a todos los presentes.
GLÓBULOS ROJOS
Esteban Leyes
O2: Presenta El Muelle
+ Safari costero con amigos.
Lectura costera.
Alejandro Güerri
O2: Presenta Oriental
+ Lectura en voz alta y figuras de papel
Lisandro Etala toca canciones
Amigos invitados

Iván Moiseeff
O2: Presenta Supranatural
+ Una charla audiovisual
Delivery de veneno
Lectura preliminar
Simja Dujov

Fernando De Leonardis

O2: Presenta entre la tristeza y la nada y otros incidentes e intervenciones textuales de ultraizquierda
+ video: “contexto paratexto: siete comentarios a entre la tristeza y la nada y otros incidentes e intervenciones textuales de ultraizquierda”. Y una lectura aproximada a 4’33’’, con silencio, incidencia nula de murmullos y copas.

lunes, 28 de abril de 2008

Sebastián Realini, sobre "Hendidura", de Juan A. Crasci

 Sebastián Realini realizó el siguiente trabajo sobre la plaqueta Hendidura, de Juan Alberto Crasci:




La búsqueda de lo tácito... "es nuestra imposibilidad / de entendernos"
(sobre la plaqueta "Hendidura" de Juan Alberto Crasci)

Hendidura como grieta, como fisura...

"Miro mi mano y veo / mi mano; / no las nuestras" porque la hendidura se agranda. Ese miedo al vacío, me atrevería a decir, hasta llevo a Juan a ponerle "Hendidura" a la plaqueta homónima. -Miro mi mano / y veo mi mano- hubiera sido una obviedad, sin embargo el trabajo del tiempo que provoca con la inclusión del "y veo" en el primero verso, logra la desilusión y la desesperanza en el efectista "no las nuestras".

Escritura y habla y luego proclama (declamación) que el lenguaje le pide ("papel que pide una pareja"). En ese amorío, Juan le canta como pájaro mariachi ("como los pájaros se llaman cantando") una excelente plaqueta con todo el abecedario a su pareja ("dibujando una d, / una a / y etc"). Y en esa serenata poética, él se va, sólo para volver a nombrarla ("Siempre me voy. / No dejo más que las huellas / ... / que te nombran"). Como esa necesidad de agrietarse para luego tapar con aserrín poético ("papel que encuentro lo lleno de escritura") hasta que llueva... disipación de contenido, huella y volver a nombrarte...

Poema tras poema va y viene, busca y no encuentra, escribe, canta; el pecho se le "pletorisa" (permiso Oliverio) de confesiones y trata de encontrarle sentido al vacío desde un manifiesto que cumple a la perfección "lo bueno, / si breve, / dos veces / poético".

No sólo el vacío está entre la otra mitad ("lo otro es mitad") y él ("existe un hueco"), sino que la variable es temporal también ("un delay"). La invocación de la palabra trae pesadumbre a la pena y así otra vez hasta volver a nombrar(la) –ansias de encuentro-. Es ese llamado-canto a la pertenencia que no le es respondido ("Porque no está el amado en el amante / ni el amante reposa en el amado" arranca Marechal en su poema "Del amor navegante").

Al tácito "cerrás la mano" le falta estrechamiento de prójimo, le falta congruencia, porque al cambiar la persona y ver la otra mitad, no la ve... Eso es lo que provoca el ensanchamiento de la fisura, de la hendidura en la poesía de Juan Alberto Crasci ("con el número dos nace la pena." reza y hasta dictamina Leopoldo en el poema ya citado).

El yo poético es arrastrado por el lenguaje, así como una dominatrix juega y adiestra a su esclavo, lo manosea en ese "ida y vuelta / en vaivén" y es aún así contenido por la esperanza, como el alivio de que paren de dominarlo para volver a empezar, hasta que el puño se cierra y ya no hay noción de encuentro; nuevamente las ansias de literatura... esa de "libros sobre / mi mesa de luz / ... / y el final es jamás haber comenzado". La total pérdida de lo ajeno que uno quiere transformar en propio y al fin anclar ahí, pero he aquí que él se va, siempre se va.

"LOS OPUESTOS SOLAMENTE TIENEN EN COMUN LA OPOSICIÓN"

El lenguaje no se enamora del autor, la palabra le huye y no lo mira a los ojos. Le declama en sacro ritual su ciencia exacta ("29 de febrero"), y sin embargo "la otra" le cierra la mano. Ella escapa mientras él, serenatea (permiso nuevamente) con lluvia (Raúl González Tuñón escribió en "Lluvia": "estoy lleno de tu vida y de tu muerte / ... / Estoy tocado de tu destino"), exiliado ("no hubo lugar / donde atar nuestras / fronteras") e invocando despedidas.

"Presa de un doble imán / que repele...", en la búsqueda del entendimiento (su escritura), Él, está muy lejos de llegar a final aunque le cierren lo que le cierren... "Narrador el que cuenta / nunca el que escribe".



Sebastián Realini

jueves, 14 de febrero de 2008

Palabras Cruzadas


En esta oportunidad, el autor de una de las plaquetas editadas por CILC, se encarga de hacer una breve reseña, unos comentarios, unas aproximaciones a una plaqueta de otro de los autores de la serie:



Era él o yo: sobre El hilo de las horas, de Fernando Bogado

El hilo de Fernando Bogado, al contrario de lo que suele hacer este elemento, no une ni zurce, no genera una linealidad o un recorrido: marca, divide la tela en varias direcciones. El surco que va dejando el hilo funciona como límite: de un lado, la voz del poeta, del otro, el mundo.

En los poemas se ponen de manifiesto las distancias entre el uno y el universo. Por un lado se encuentra al yo poético, solo, aislado, recluido -o cobijado- en su hogar (la cocina; las comidas; la cama; el sueño), y por otro lado, a lo grupal, lo múltiple, lo expuesto y lo público (artistas en la tele; gente en los shoppings; ancianas barranca abajo). En esta división, el ser, el parecer y el querer-ser aparecen como centro de la problematización entre lo público y lo privado. En el afuera hay un decir y un hacer que apuntan al querer-ser, a una configuración de uno mismo, a un escape de las miserias: las ancianas hacen para alejarse de su edad y de su propia muerte; los artistas plásticos dicen derribar fronteras y generar nuevas tendencias y formas de expresión… mientras tanto, la voz interior, la poética, parece dejarse ser, el mundo se cuela en su cocina y dice: Cuando escribo/no sé lo que hago./Aunque también se mentir. La duda hace del poeta un hombre cierto, que desde el interior de su casa, derriba pausadamente y sin violencia la farsa que representan los seres humanos en el exterior, en su afán de mostrar seguridad.

Tomando esos mismos ámbitos como ejes de división, es notoria una diferencia en lo que respecta a lo temporal: dentro de la casa el tiempo corre lento; afuera hay movimiento. Este movimiento coquetea con la muerte: niños y ancianas se acercan peligrosamente a ella; en el primer caso sin saberlo, en el segundo queriendo evitarla. ¿La preocupación –exterior- por demostrar las –autoimpuestas- convicciones propias conlleva inevitablemente a la muerte? No lo sé, pero la muerte no golpea la puerta de la casa del poeta, ni se recuesta junto a él.

Juan Alberto Crasci




Sobre Poemas para leer bajo la frazada, de Juan Manuel Daza

Juan Manuel Daza comparte, de un modo fresco y sensible, sus visiones de niño y de hombre, cosiendo instintivamente el edén sentimental y lúdico del primero con ásperas imágenes subyacentes propias del segundo.

Leyendo Poemas para leer bajo la frazada nos surge la necesidad de mantener aquel espíritu de búsqueda y simpleza, donde uno es el mundo en los momentos de oscuridad y silencio.

Entonces, hasta el lector más rebelde terminará leyéndolos con linterna.

Nono Trakinas




Que te carcoma desde adentro: sobre El gusano, de Inés Rando

El Gusano de Inés Rando es,
ante todo,
un parásito.

Está muy adentro de su cuerpo,
muy profundo,
pero no tiene nada
que ver
con ella.

Alguna extraña circunstancia provocó
que ese ser entrara allí y que,
de pronto,
comenzara a alimentarse
de miserias,
de mierda,
de pus,
de ácidos.

Y así comenzó a crecer,
y ahora Inés siente que
está por rebalsar; que,
en cualquier momento, ella
va a dejar de ser ella y va
a empezar a ser el gusano.

Ahora que lo pienso, es
como el proceso de metamorfosis
de las mariposas
pero al revés:
de mariposa a gusano.

El gusano
crece dentro
de la mariposa
hasta que la hace estallar y
ya no queda mariposa sino gusano.

El gusano es una ojiva nuclear
que está muy muy adentro nuestro.
Pero paradójicamente,
se alimenta de "desgracia de filtro"
(claro, como el café de filtro).
Pero en este caso
el filtro es
el cerebro.

Juan Manuel Daza




Sobre Hendidura, de Juan Alberto Crasci


Lo bueno,/si breve,/dos veces/poético. Así comienza el libro de Juan Alberto Crasci, en el cual se cumple perfectamente esta expresión. Con un lenguaje conciso y directo, Hendidura presenta un mundo en el que la escritura ocupa un lugar primordial. Es un espacio de evasión, de libertad, donde se quiebra la linealidad del tiempo y donde la única ciencia exacta es la poesía.

El título del libro no es casual. La palabra hendidura nos remite a una división, a un corte, a dos lados que se oponen: poesía y ciencia, yo y nosotros, realidad y mente, mirar y nombrar. Sin embargo, una hendidura no es un corte total, las mitades no llegan a separarse del todo. Es más bien un hueco, una abolladura, un agujero. En el fondo hay un punto de unión, de contacto: la incomprensión. No hay síntesis; los opuestos solamente tienen en común la oposición.

Hendidura nos habla de un vacío, un pozo, un hueco. La escritura sirve para llenarlo o, por lo menos, para escapar de él.

Inés Rando




¿Galletitas húmedas?
(o: Dactilografía para mensajitos de texto. Clase Núm. 1, del Nono Trakinas)

¿Alguna vez trataron de comer una galletita dulce (cualquiera sea su marca, aunque por prudencia diré trakinas) con la boca absolutamente seca, carente de cualquier tipo de líquido? ¿Alguna vez sintieron como el aliento pestilente de esta boca reseca que, por el momento, estamos imaginando, choca contra la superficie bañada en chocolate/vainilla/coco de nuestro bizcocho infantil con reminiscencias proustianas (¿hay algún otro tipo?)? Digamos –por decir algo, por responder de manera contundente a la inexistente pregunta que subyace en todo discurso - que el texto del Nono Trakinas (Dactilografía para mensajitos de texto. Clase Núm. 1) es, sobre todo, eso: un atragantarse voraz, una ausencia absoluta de toda fluidez, un cuerpo fálico-rígido en el borde de nuestras bocas que tapa la salida de la voz o la entrada del aire que nos podría salvar de un horrendo deceso. Trakinas-Bardamu-Céline le temen a eso, a la fluidez, a la licuefacción febril (cito, tímidamente, a Link): el texto es duro, el fraseo conmueve el aparato sintético-literario que suele resplandecer en muchas obras contemporáneas y -el título lo dice- en el género epistolar de nuestros tiempos (sí: el mensajito…). Será ese gesto desmedido, esa sobre-producción dura de roer lo que Trakinas (con las comisuras erguidas) obliga a leer en su texto. Me remito a uno de sus poemas:

Luto

Los 10 dedos de las manos separados exageradamente traducían su esplendor, más allá de su inmutable careta. Alguna heroína de otro cuento lo había dejado en alguna pesadilla de intríngulis fónico.
Él reaccionaba con la puesta del Sol, era un sr. fotómetro, se acordaba.
Estaba atado por las telarañas del subconsciente a la silla de caoba, miraba a la heroína dibujada en la pared.

Olvidaba cabeceando, salpicando la pared.


En Dactilografía..., el sol endurece, detiene, oculta: las sombras producidas invaden la voz y dejan siempre la sensación de un sentido oculto inabordable (¿poesía?), pero también la certeza desmedida del asco… Compartimos inmediatamente con Trakinas la más abierta misantropía: el lector-arácnido rechaza su humanidad y “finge ser salvaje” junto con los animales, paradójicamente honestos.

La peligrosa sintaxis del texto ansía una sospechosa claridad-solar constantemente, repitiendo el gesto re-escriturario que otorga densidad a cada una de las frases y endurece lo ya rígido (¿dijimos “texto-fálico”?):

Yo a mi abuela la vendo
Y no de vendar eh, quiero que se entienda.





El trayecto de la galletita, recordémoslo: boca seca, aire bloquedado, manotazos al vacío por un poco de agua, muerte idiota, insospechada -como la de Tenesse Williams, ahogándose con la tapa de una bebida; como el lector que, inocentemente, compra el paquete rojo con sabores mágicos sin darse cuenta que allí anida, entre las sombras que distancian a un futuro bocado del otro, la palabra final y –por eso- impronunciable.

fernando emmanuel bogado