miércoles, 6 de mayo de 2009

Nueva edición!: Miguel Ángel Lens - Sed de Querelle



Miguel Ángel Lens - Sed de Querelle
Serie 1515/2
15 x 15 cm., 92 pags.

I.S.B.N.: 978-987-24908-0-5




Entre luciérnagas y estrellas, entre arrabales y bañados, entre brumas y fantasmas, entre polvaredas y arenas ardientes, entre argot y lenguaje culto, este yirar infinito de Miguel Ángel Lens recuerda el viaje de un peregrino que busca su templo en cada rincón, en cada hombre, con una pregunta en los labios que apenas balbucea pero que el lector descifrará cuando termine el juego de ajedrez –obra de arte—de este poemario. En los apuntes líricos que nos refrescan y sorprenden como esas gotas de agua que caen en los días de calor de algunos balcones floridos, Sed de Querelle es una constante ascensión a un esplendor que está más allá de todo orgasmo, de todo placer. Aquí el poeta llega, reflexivamente y casi sin saberlo, a ese templo que busca, permanente, inamovible, para escuchar el oráculo que colmará su sed de querer de una vez y para siempre. Es en este jardín donde el poeta, maravillado aunque con alguna nostalgia o dejo de tristeza, encuentra su verdadero Paraíso, y sorprende a sus jazmines mágicos, “esbeltos/finísimos/de piel blanquísima/con un intenso perfume/seduciendo a la agitada brisa/provocando al arrebatado viento/bisexuales bajo el sol poderoso/o andróginos ante la inclinada llovizna/…”, ya muy lejos del buscar incesante de los cielos subterráneos donde el deseo se enciende y nunca se apaga.

En este oscilar entre dos cielos, en este lirismo puro, el poeta Miguel Ángel Lens es la luciérnaga que se convierte en estrella para deleite de todos sus lectores.

                                                                                             Néstor Latrónico


***


Prólogo, de Fernando Bogado


Si escribir es insostenible pues es apoyarse en una ausencia, esa ausencia se llama sujeto.

Tratados sobre Néstor Perlongher” de Nicolás Rosa.

 

Si, tal como confiesa la teoría psicoanalítica en sus obsesivas-neuróticas páginas, la melancolía es el deseo por el yo reemplazando al deseo por el objeto, se podría argumentar que Sed de Querelle de Miguel Ángel Lens es de una melancolía apoteótica. ¿Qué hay de melancólico en una obra que, en principio, aparece como (sexualmente) celebratoria?: un yo poético extrañando un film en donde un director (Rainer Werner Fassbinder) extraña a una novela de otro autor (Jean Genet, uno de los pocos “santos” de Sartre). Y en el fondo, como toda melancolía, no se extraña a nada en particular, sino a la persona que uno solía ser cuando el objeto parecía menos ausente. ¿Qué es lo único de lo que nos podemos declarar poseedores absolutos? Lens dice: el recuerdo, una película, por caso.                

                Extrañar también es generar intertextualidades, cruces. Es mover el deseo por el carril más santo: el de la imagen -¿acaso hay otro?-. Eso proponía Fassbinder junto con otros directores que desarrollaron sus obras a lo largo de los ´70 y ´80… Pongámoslos en la misma línea de santidad: Fassbinder, Waters, Almodóvar; autores que juguetearon con la contundencia de una imagen precisa que se despega del diálogo, de los personajes, inclusive: basta ver cualquier film de estos directores para notar como los protagonistas parecen flotar por sobre los decorados y repetir sus diálogos memorizados desde un lugar diferente al del set de filmación, haciendo de su parlamento un eco fantasmal proveniente de un más allá incognoscible (¿el fuera de cuadro?) pero, al mismo tiempo, tan superficial como la imagen “presente”. En Lens, el diálogo está cortado, extraído… ¿Es el lector el interpelado por una voz que reclama recuerdos, escenas, que dice “¿Te acordás de Brad Davis?”, que señala llegadas y despedidas al grito de “ahí viene/el chongazo/por el callejón”? No, parece improbable.  Lens se habla a sí mismo con la contundencia de una unidad inviolable, sin desdoblamientos.

                ¿Qué tipo de ausencia funda entonces la melancolía de Lens? Una ausencia cinematográfica, un sueño, ya se dijo, un recuerdo. Pero también, como todo recuerdo, algo del orden de lo futuro conservado en ese pasado memorístico salta, algo que puede tomar la forma de una repetición o de una promesa. En Sed de Querelle, quizás, más lo último que lo primero… Promesa como llegada casi religiosa, advenimiento: “vendrán/por un horizonte sombrío/seguro que vendrán”. ¿Vale la pena aclarar el carácter escueto de la ausencia en Lens? ¿El carácter no-barroco de su barroquismo?

                En definitiva, Sed de Querelle es un texto apasionante/apasionado, una obra atravesada por un anhelo joven (“efebo lumpen…”), inviolable –aunque híper violado-. “Sed de Querelle” es eso, una sed, una que junto con el recuerdo, el film, los autores, el sujeto, el psicoanálisis y el barroco se mueve por ese carril mencionado más arriba: el del deseo insostenible.