sábado, 17 de abril de 2010

La generación perdida (Revista Ñ, sábado 17 de abril de 2010)





Ñ, Revista de Cultura, Nº342, Sábado 17 de abril de 2010

Poesía Colección Gama

La generación perdida

Al margen de ciertas discusiones estéticas, poetas argentinos nacidos entre 1950 y 1969 –desde Reynaldo Jiménez hasta Silvio Mattoni– presentan un interesante abanico de propuestas.

Carolina Esses

La poesía suele venir en frasco chico. Libros flacos, difíciles de encontrar en los revueltos estantes de las librerías, pero fáciles de ubicar, luego en la propia biblioteca, donde siempre hay un lugar para uno más. Siesta, fundada en 1997 por Marina Mariasch, fue una de las editoriales que le encontró la vuelta a lo pequeño invirtiendo en la proporción: libros de muchas páginas pero que caben en la palma de la mano. Luego están las ediciones de la obra reunida de tal o cual poeta y las antologías, formatos ampliados del pequeño libro. Claro que siempre envidiaremos a los que tienen esas ajadas y finitas ediciones de nuestros poetas preferidos.

La editorial Casi incendio la casa (CILC) podría haber publicado una antología con los poetas que integran su colección GAMA. Pero sus libros hubiesen dejado de responder a esta premisa de delgadez. La opción, entonces, fue esta: dieciséis libritos de no más de 30 páginas que pueden leerse como parte de un conjunto pero que se presentan por separado. El diseño apela a la metáfora cromática: cada libro ocupa un espacio en ese círculo que contiene a todos los colores pero que puede, también, ser percibido, simplemente, como el haz de luz antes de atravesar por un prisma. Toda una poética, si se quiere, la que piensa lo múltiple contenido en toda la unidad.

Algo hay que decir que va a contramano de lo que podría sugerir el nombre de la editorial: no se trata de poetas jóvenes presentando su primer o segundo material. Salvo Mario Arteca (La Plata, 1960) y Silvio Mattoni (Córdoba, 1969) ambos con mucha producción el resto nació en la década del 50. Tampoco son poetas de Capital Federal, no de ese puente que va de la Capital a Rosario o más allá hasta el límite que marca Bahía Blanca. Está Graciela Cros (San Carlos de Bariloche), está María Teresa Andruetto (Córdoba). Los textos actúan como la punta de un iceberg. Muestran algo de lo que cada uno viene trabajando desde los ochenta (y los setenta en algunos casos), años que quedaron un poco afuera de las discusiones por lo que después fue –bien o mal llamada, como quiera pensarse la poesía de los noventa y sus muchas aristas.

En este sentido, es interesante encontrarse, por ejemplo, con fragmentos de La enagua cuelga de un clavo en la pared, de Leonor García Hernando (1955-2001) que propone un verso largo, escindido, con pasajes en blanco, en el límite con la prosa y que, si quisiéramos trazar un recorrido nos podría llevar al ritmo de otro libro, Plegarias, de Susana Villalba. Como para pensar diferentes entramados de la poesía argentina, seguir el camino abierto por propuestas más experimentales, mover un poco las aguas. También, sorprende La solitudine, de Alicia Silva Rey (Quilmes, 1950), un libro con fuertes reminiscencias teóricas (hay epígrafes de Walter Benjamin, notas que llevan a los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari) cuyos poemas cobran fuerza en el momento en el que la teoría le cede su lugar, o lo comparte más amablemente, con el ritmo o la imagen. Lo cierto es que estos versos, tanto los de Silva Rey como los de García Hernando, plantean cierta incomodidad al lector, cierto desafío que, muchas veces, poéticas más planas, más atravesadas por un objetivismo mal leído, dejan afuera. Lo mismo puede decirse de La bruta bruz, de Laura Klein (Buenos Aires, 1958) y del uso de la segunda persona en La conversación, de Daniel Muxica, fallecido el año pasado.

A la hora de elegir el material a publicar por CILC, algunos poetas se volcaron hacia textos ya publicados. Otros, como Concepción Bertone, sumaron también inéditos. Reynaldo Jiménez (1959), decidió reimprimir La indefensión. Son poemas que recuerdan al neobarroco, donde se impone la repetición de sonidos, las rimas internas, la fuerte proliferación de imágenes. Jiménez, uno de los más reconocidos es también uno de los más prolíficos. No sólo a partir de sus libros sino también por su actividad como editor en tsé-tsé (ya en los ochenta formó parte de la editorial Ultimo Reino) donde publica, por ejemplo, Liliana Ponce, una de las escritoras más particulares de la actualidad. Es de celebrar, entonces, que CILC, a través de esta colección, permita trazar diferentes entramados dentro de un panorama donde a veces pareciera escucharse sólo las voces más estridentes y cercanas. Que permita pensar, por ejemplo, a Graciela Cros y su planteo por esa primera persona singular femenina en relación a Liliana Lukin. O que algún joven lector porteño, mientras busca en la librería algún libro de aquel poeta también joven, también porteño que escuchó ayer nomás en un recital, se encuentre, casi por casualidad, un libro de Juan Carlos Moisés (Chubut, 1954) o de Alejandro Schmidt (Córdoba, 1955), ambos particularmente interesantes.

Concepción Bertone, Silvio Mattoni, Mario Arteca, María Teresa Andruetto, Enrique Butti, Susana Szwarc presentan en sus diferencias, un uso de la lengua que se puede pensar emparentado. Un tono más coloquial, versos más largos o cortos pero ya no la prosa poética de, por ejemplo, Coman, de Roberto Aguirre Molina. Se podría pensar Cuando salí de La Plata de Arteca incluso en el otro extremo de la propuesta de Jiménez. Versos extensos, por momentos casi argumentales, donde a la cuidada elaboración de imágenes y metáforas se le suma la clara intención de cartografiar una experiencia.

La propuesta de la colección, entonces, es mostrarnos una selección de los poetas nacidos alrededor de los 50. Una muestra apenas; como si asistiéramos a una lectura en vivo en la que, incluso, se nos da la posibilidad de interactuar con el poeta ya que los libros ofrecen una dirección de correo electrónico, un blog, un teléfono. Si tuviera que elegir, y por una cantidad de razones que exceden las de la crítica como suele suceder cuando algo conmueve de verdad elegiría alguno de Arteca, “Heroísmo” de Mattoni o “Hamacas” de Andruetto (“habrá sido de vidrio el aire/ como esta tarde”, dicen los últimos versos). La poesía, también, tiene esto: a veces no hace falta mucho más que un verso para que una se quede días y días rumiándolo, solitaria. Quienes editan estos pequeños volúmenes lo deben saber.

FICHA

Presentación Colección Gama.

Habrá lectura y entrevista con algunos de los autores.

FECHA: MARTES 20 DE ABRIL

HORARIO: 19.30 HS.

LUGAR: LIBROS DEL PASAJE, THAMES 1762

ENTRADA: GRATIS